lunes, 31 de julio de 2017

LA SEMANA DEL FIN DE LA HISTORIA

Por: Ivonne Acuña Murillo

En sólo unos días la experiencia del fin de la historia se hizo realidad. Los escenarios futuristas dibujados por escritores apocalípticos y distópicos se materializaron brutalmente. La violencia, la ley del más fuerte, la falta de Estado o de alguna autoridad capaz de poner orden y proteger a la población, el cambio climático en toda su furia, la falta de energía eléctrica y unos plátanos que se negaron a madurar, me hicieron recordar las experiencias de un tiempo aun no vivido. O al menos eso creía yo.

La teoría

Hablar del fin de la historia no supone el fin del mundo, ni de los tiempos, ni "el principio del fin", frase por demás ridícula, cuando no divertida, que algunas personas suelen usar, de manera dramática, ante algún evento natural como un terremoto, un huracán, una erupción volcánica, una guerra, una crisis política o económica. 

El fin de la historia remite a teorizar en torno a las diversas etapas que la humanidad ha pasado o tiene que pasar para llegar a la época última en la que ya no hay más fases que alcanzar. Pero, no siempre se ha visto a la historia de esta manera.

Para los antiguos griegos la historia era circular y se componía de una serie interminable de ciclos, donde tanto los humanos como las culturas y las civilizaciones nacían, crecían y morían. No había una idea de continuidad en el tiempo, sino un eterno volver a comenzar hasta cumplir el ciclo para volver a empezar. La creencia en dioses, como el Destino y la Fortuna, que determinaban el destino de cada quien hizo asumir a los antiguos una actitud de indiferencia hacia el pasado, hasta la aparición de Herodoto, considerado como el primer historiador, pero también hacia el futuro. ¿Para qué preocuparse por lo que vendría si no dependía de las acciones humanas?     

En la Edad Media, cuando la Iglesia Católica impuso a Occidente su visión religiosa del mundo, la manera de considerar la historia cambió. Surgió entonces lo que hoy conocemos como "teología de la historia", a partir de la cual se creía que la historia era lineal, que su inicio se encontraba en la Creación y el fin en el Juicio Final. Entre uno y otro evento, la humanidad atravesaría por una serie de etapas determinadas por la Divina Providencia. Esto es, todo lo vivido por la especie humana había sido determinado de antemano por Dios. Por ejemplo, se llegó a pensar que la razón última de la existencia del Imperio Romano fue la propagación del cristianismo, una vez que el emperador Constantino autorizó el culto cristiano y su sucesor, el emperador Teodosiolo convirtiera en religión oficial, en el 380 d.C.,  con el Edicto de Tesalónica.

Este intento por hacer coincidir la historia humana con la divina fue hecho por San Eusebio de Cesarea, para quien la Iglesia era el motor de la Historia de la Humanidad.

Con la llegada de la Ilustración y la secularización de la vida intelectual, la "teología de la historia" se convirtió en "filosofía de la historia", con el consecuente descentramiento de Dios. A partir de entonces se sitúo el destino humano en las manos de los hombres, y las mujeres por supuesto. Los filósofos entonces se dedicaron a explicar el comportamiento humano ya no en función de un destino divino sino de la propia razón humana. Es decir, ya no era Dios el responsable de las acciones humanas sino los humanos mismos.

Lo anterior supuso nuevas visiones en torno a la historia, sus etapas, su motor (aquello que la hacía moverse) y el sujeto de la historia (su protagonista principal). Así encontramos propuestas como la de Karl Marx (1818-1883) (filósofo, economista, sociólogo, historiador alemán), para quien la historia de la humanidad estaba dividida en cinco etapas o modos de producción: comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo, capitalismo y comunismo. En esta última etapa las personas recibirían en función de su necesidad y no de su capacidad. No habría gente sin casa, comida, vestido, trabajo. Para Marx, el motor de la historia era la lucha de clases (por ejemplo entre los esclavistas y los esclavos) y el sujeto de la historia la clase explotada (en este caso los esclavos que harían volar en pedazos a la sociedad que permitía su esclavitud para fundar una nueva).

Como Marx, Augusto Comte (1798-1857) (filósofo francés), concibió su propia filosofía de la historia. Para él la historia se dividía en tres etapas: teológica, metafísica, científica. En la primera, los humanos lo explicaban todo vía los dioses; en la segunda en relación con  un poder abstracto o ciertas fuerzas ocultas que guiaban los acontecimientos del mundo; y, en la tercera, en razón de la ciencia. Esta última, por supuesto, era la fase más avanzada y última.

Como se aprecia en ambas propuestas se sigue el esquema de la teología de la historia: una historia lineal, un inicio, un final, un motor, un sujeto y un desarrollo evolutivo que va de menos a más, haciendo de la última etapa la más perfecta en relación a la organización humana. En la misma teología histórica después del Juicio Final se encuentra la vida eterna.

Esta forma de pensar la historia tuvo su última expresión en la obra El fin de la historia y el último hombre de Francis Fukuyama, para quien la etapa final correspondía a la democracia y el capitalismo de tipo estadunidense. A decir del autor, ambas tendencias están en nuestra naturaleza y era inevitable llegar a ellas, por lo que desde su perspectiva ya estamos viviendo el fin de la historia.

Sin embargo, aún antes de él, la filósofa Hanna Arendt ya había dado fin a la idea de una historia en constante evolución, pero sobre todo a la idea de un sujeto de la historia que podía dirigirla, a voluntad, a un fin deseado. Las dos Guerras Mundiales del siglo XX proporcionaron suficientes argumentos para cuestionar dicho esquema y a la misma racionalidad humana.

La pregunta

Si se ha negado ya la idea de una historia lineal, que a pesar de encontrar obstáculos, iba siempre e inevitablemente a algo mejor ¿qué sentido tiene hablar desde esta colaboración de una "semana del fin de la historia"?

Esta pregunta se responderá "al final del texto", por tanto, se recomienda seguir "hasta el final".

Los hechos

El primer evento: un encuentro cercano con la inseguridad y la muerte

El viernes pasado salí de casa en compañía de mi hija adolescente con la intención de ir a la plaza comercial más cercana a comprar un regalo. No habíamos caminado más de 100 metros cuando vimos pasar una patrulla a toda velocidad. El evento hubiera pasado desapercibido en una gran avenida, en uno de los tantos lugares del país donde la delincuencia común, el narco y el crimen organizado han puesto en jaque al Estado, pero no en un fraccionamiento residencial de clase media y media alta que cuenta con una caseta de policía municipal en su entrada única, aún más, en una calle destinada solo al tránsito local y alrededor de las dos de la tarde.

De momento, nos llamó la atención tanta premura y supusimos que iba siguiendo a alguien, pero no le dimos tanta importancia y seguimos caminando. Uno o dos minutos después vimos pasar a otra patrulla, una pickup con seis policías, dos en cabina y cuatro atrás, sin armas a la vista, una patrulla más,  esta vez de la policía estatal (el fraccionamiento se sitúa en un municipio del Estado de México), otra pickup igual con seis policías, pero esta vez portando metralletas listas para ser disparadas. Estos dos datos, policía estatal y metralletas nos informaron que algo gordo estaba pasando, por lo que decidimos volver a casa ante la duda de hacia dónde se dirigirían estos comandos y los posibles delincuentes, en caso de haber una persecución con la balacera respectiva. Nunca habíamos vivido algo así, pero lo visto en las noticias nos sirvió como experiencia.

De regreso, encontramos al representante del fraccionamiento en temas de seguridad quien nos dijo que lo mejor era no estar en las calles en ese momento, que acababan de matar a dos policías, tres calles más abajo.

Ya en casa, me dí a la tarea de consultar los mensajes enviados al grupo "Vecinos vigilantes...." de nuestra colonia en WhatsApp. En el fue surgiendo poco a poco la información en torno a las razones del asesinato de ambos policías, de 25 y 28 años.

Resultó que pertenecían a la Comisión Estatal de Seguridad, al Grupo de Recuperación de Vehículos, y que acababan de localizar un vehículo robado en una de las calles del fraccionamiento. Estaban esperando la llegada de una grúa para trasladar el auto encontrado cuando cuatro sujetos, a bordo de un coche, les dispararon en el tórax.

Días después, en medios se dijo que el fraccionamiento se había convertido, por sus características, en "bodega" de autos robados. Está situado al lado de la nueva carretera a Toluca, en su parte más baja está vigilada por policía municipal y en su parte más alta no conecta directamente con vialidad alguna. Está cercado a los costados por bardas que lo separan de otras secciones habitacionales de la misma zona, sin embargo presenta flancos vulnerables por los que se puede ingresar a pie. Bastante tranquilo a pesar de que la delincuencia común haga de las suyas de vez en cuando desde hace ya algunas décadas.

Este suceso tuvo como antecedente, meses atrás, el asalto a una vecina en el mismo fraccionamiento, a quien por la fuerza un sujeto alejó de su camioneta, mientras otro se subía para llevársela y cuyo vídeo circuló en la red. Igualmente el robo de auto partes en Satélite, Las Américas y Boulevares, días antes del asesinato de los dos policías. Días después de dicho asesinato se suscito otra balacera, entre los supuestos asesinos y la policía, en Los Remedios, Naucalpan.

El operativo duró alrededor de cuatro horas, durante las cuales llegaron al fraccionamiento alrededor de 50 patrullas de los municipios de Naucalpan, Atizapán y del Estado de México, y un camión lleno con soldados del Ejército Mexicano.





El segundo evento: un  encuentro cercano con la furia de la naturaleza

Una vez pasadas esas horas, decidimos salir y cumplir con nuestra agenda original. A la entrada del fraccionamiento todavía se encontraban una camioneta y una pickup de la policía estatal, mientras bajaban otras patrullas de la policía de investigación. Al llegar al centro comercial, que se encuentra a unas cuantas cuadras del fraccionamiento, notamos que ahí también se estaba llevando a cabo otro operativo relacionado con el asesinato de los policías.

Al caminar por el centro comercial nos encontramos con policías de seguridad privada y municipal. No había cercos ni revisiones ni nada parecido.

Esta plaza comercial fue construida sobre un cerro lo que permite observar parte de la Ciudad de México y la zona urbana cercana. En una mañana despejada se pueden observar en toda su belleza los imponentes volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl y recordar la historia de amor (la-leyenda-de-los-volcanes/) que la imaginación humana tuvo a bien crear. El romance tuvo lugar antes que los conquistadores pusieran pie en las hermosas tierras de un imperio que libraba sus propias batallas. Los majestuosos volcanes contrastan con el enorme espacio urbano en que se ha convertido el Valle de México.

En general toda la zona, en especial cuando se baja por su avenida principal, ofrece una extraordinaria vista del Valle de México, de la hoy Ciudad de México. Cuando el clima lo permite, se ven con claridad la Torre de Pemex, el World Trade Center, el edificio de Ferrocarriles, no sé si aún nacionales o de México, y todas las construcciones que los rodean. En un día de contingencia ambiental también es posible observar la nata de contaminantes que se posa sobre la ciudad como una "mancha voraz", por hacer un simil con la película de ese nombre, estrenada en 1958.

La plaza fue construida en forma circular si se toma en cuenta su enorme estacionamiento. La zona comercial tiene la forma de media luna. Su parte interna da al área de estacionamiento y la externa y más larga se eleva varios metros sobre el piso, formando una especie de precipicio. El año pasado una pareja de novios adolescentes decidió quitarse la vida lanzándose desde ahí. Fue una pena.

En este centro comercial se encuentra de todo: un conjunto de cines que incluye 8 salas de regular tamaño, una macro y 4 salas VIP; comida rápida, lo clásico, hamburguesas, pizzas, comida china, tacos, helados, pasteles  y café; restaurantes más grandes como Vips, Toks, Italianni's, La Destilería, Shushi Itto; tiendas de ropa, de zapatos, de aparatos electrónicos, una Parisina, otra de vinos; un golfito y centro de juegos para niños, niñas, adolescentes y uno que otro adulto, un gimnasio, etc.

El lugar está planeado para ofrecer además de una extraordinaria vista, espacios abiertos donde se puede disfrutar del aire, el sol, la lluvia, lindos atardeceres distraídos por el paso, muy a lo lejos,  de aviones, avionetas y helicópteros en camino al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

En la parte central y más externa se encuentran tres telescopios que por diez pesos permiten ver de cerca conjuntos de casas, calles, cerros, personas. Atrás de éstos pasa un trenecito que recorre la media luna, también se rentan ponis, cebras, burros, de peluche por supuesto, con ruedas y de buen tamaño para ser montados por niñas y niños de 3 a 6 años. Éstos deben hacer un esfuerzo con las piernas para moverse o dejar que algún familiar los jale con una cuerda y los pasee por la parte baja del centro comercial.

Volviendo al segundo evento, la tienda elegida está ubicada en el segundo nivel, al que se accede vía escaleras eléctricas o en elevador, estando ahí comenzó a llover. Parecía una lluvia cualquiera, como aquellas que caen cualquier tarde en época de huracanes, tormentas tropicales o ciclones, mismos que tienen lugar en verano en los océanos Pacífico o Atlántico. Sin embargo, en cosa de pocos, muy pocos minutos aquello se convirtió en una tormenta poco común.

Mientras mi hija elegía aquello que quería comprar me acerqué a la salida de la pequeña tienda, cuya pared del fondo se podía observar desde la puerta de entrada, al igual que los muros laterales llenos de mercancías: bolsas, aretes, pashminas, collares, pulseras y demás artículos para el arreglo femenino, y observé como la lluvia había comenzado ya, muy rápido a mi ver, pues unos minutos antes todavía asomaba el sol entre las nubes. A pesar del agua que caía pude observar los cerros a lo lejos y las nubes que los rodeaban. Volví a entrar para volver a caminar hacia la puerta del local, no tardé más de un minuto. Quedé sorprendida, ya no se veían ni las nubes, ni el cielo, ni los cerros, sólo un muro de agua entre dos de las enormes columnas que sostienen una de las carpas de la plaza comercial.





El tercer evento: 25 horas sin luz eléctrica

Dos días después del operativo policial y militar y de la intensa lluvia, a eso de la una de la tarde "se fue la luz" en nuestra calle. Nos preguntamos la razón pues no había siquiera amenaza de lluvia. Pasaron una, dos, tres, cuatro horas y "la luz no llegaba". Hicimos el reporte correspondiente a la compañía de luz, nos dijeron que sería cosa de dos o tres horas para que se restableciera el servicio.

Sonara raro eso de que "se fue la luz en nuestra calle", pero en el fraccionamiento, "se va la luz" en unas calles si y en otras no, por secciones, más aún, "se puede ir" de un solo lado de la calle, incluso en un mismo edificio pueden "tener luz" en algunos departamentos y en otros no. La razón por supuesto es que existen diferentes registros mediante los que se surte de energía eléctrica a distintas secciones de la colonia.

Se cumplieron las tres horas y nada, entonces nos dimos cuenta que en otros departamentos del edificio si había luz. Recordamos cuando hace años nos pasó lo mismo y estuvimos como dos días sin energía eléctrica hasta que se encontró y resolvió el problema.

Hicimos un segundo reporte, en esta ocasión nos dijeron que el asunto podría llevar más de diez horas, pues ya había estado en nuestra calle un camión de la compañía arreglando el desperfecto en otro edificio. Se entiende el número de horas de espera si pensamos que ya era domingo en la noche.

Nuevamente pasaron las diez horas y más y seguíamos sin luz. Como a las 11 de la mañana llegó otro camión de la compañía, y de nuevo, a otro edificio. Se les preguntó a los operarios si de ahí pasarían al nuestro y nos informaron que no tenían reporte alguno.

De nuevo, una tercera llamada y un tercer reporte. En dos o tres horas se resolverá el asunto, dijo de nuevo la voz femenina al otro lado del auricular. Finalmente, a las dos horas "ya teníamos luz". Media hora después nos llamaron de la compañía para verificar si "ya se había restablecido el servicio".

Se había inundado el registro que a media calle de nuestro edificio nos surtía de luz. Con seguridad se llenó de agua el viernes de la tormenta referida. Vaya cosa.

Durante las 25 horas que estuvimos sin luz eléctrica enviamos mensajes a nuestros familiares para que si urgía algo nos llamaran a la casa de otra familiar que, viviendo en el mismo fraccionamiento, si "tenía luz". Apagamos nuestros teléfonos y demás dispositivos personales para asegurarnos que la pila les durara hasta que "volviera la luz". Aprovechamos la luz del día para leer y hacer otras cosas que requirieran de la vital energía. Pusimos "changuitos" para que no se descongelara la carne guardada en el refrigerador. Una vez oscureciendo, encendimos velas por toda la casa. Por la noche nos contamos historias propias de la oscuridad y al final nos dormimos, pensando que al despertar ya "habría vuelto la luz".

No pudimos evitar el recuerdo de una película que vimos días antes, En lo profundo del bosque, donde justo lo que inicia la debacle en una pequeña comunidad es la falta de energía eléctrica. El conteo a lo largo de la trama se hace a partir de las horas, días, semanas, meses "sin luz"*.  La idea de la película es mostrar la importancia que tiene para la humanidad la luz eléctrica y lo que su falta significaría para una civilización cuyas principales actividades involucran a esta fuente de energía. Las situaciones límite que un padre y sus dos hijas tienen que vivir por lo que parecería un hecho simple, pero que a la larga supuso el rompimiento de las reglas de convivencia y la multiplicación de acciones que en condiciones "normales" no ocurrirían.

Finalmente, nuestro conteo terminó, no se descongeló la carne, gracias al nuevo sistema de enfriamiento que utilizan los refrigeradores de lámina delgada y dispensadores de agua fría o hielo en la puerta de los mismos, no terminaron de descargarse nuestros dispositivos y la falta de energía eléctrica no nos había causado ningún perjuicio físico o emocional. Estábamos salvad@s.

Nuestro apagón fue pequeño, en extensión y tiempo, pero imagínense uno más grande.

Casi dos millones de personas se quedan sin luz en México





El cuarto y último evento

Tres semanas antes del operativo, la tormenta y el apagón, compré un kilo de plátanos verdes en una de las grandes tiendas departamentales cuyo nombre comienza con "W". Los elegí así pues aún había en casa y calculando que podríamos comerlos días después. Los días pasaron, luego una semana seguida de otra, llegaron otros plátanos, los comimos, y los dichosos plátanos seguían verdes. Comentamos en familia que algo así nunca nos había pasado y menos tratándose de plátanos, que como ustedes saben maduran rápido, más aún con el calor de la primavera o el verano.

Por fin, más de tres semanas después de comprados, los plátanos comenzaron a madurar. Por supuesto, el asunto podría llevar a risa si lo llevamos al plano gracioso y recordamos el chiste en el que las mazanas de un árbol se ríen de la que cayó primero, la cual, una vez en el suelo, con gran orgullo y mucho enojo les responde: "¿De qué se ríen  inmaduras?". Sin embargo, nuestra reflexión fue más allá, con seguridad en el almacén nos están vendiendo frutas "transgénicas", o sometidas a algún otro proceso que modifica su naturaleza y las hace durar y durar y durar, y soportar los tiempos de traslado y almacenamiento. Por supuesto, por ningún lado tienen una etiqueta que nos permita saberlo y decidir consumirlas o no. Si este fuera el caso, hay una terrible omisión no sólo de quien experimenta, modifica y vende, sino de quien regula estos procesos, el gobierno claro, dejándonos, como en el caso de la violencia, a merced de terceros sin que la institución que debe protegernos, el Estado, cumpla con su función tuteladora.





Así se construyó la semana del fin de la historia

Estos cuatro eventos me llevaron a reflexionar en torno al fin de la historia. Ya no en términos religiosos ni en función de la voluntad divina como en la Edad Media, o en términos de una historia lineal evolucionista que permitiría a la humanidad acceder a una etapa superior, sino en relación a todas las historias apocalípticas o distópicas  que se han escrito y escenificado en las últimas décadas, como Un mundo feliz de Aldous Huxley, 1984 de George Orwell, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury,  Los juegos del hambre, de Suzanne Collins, Cuando el destino nos alcance de Harry Harrison y muchas más.


Historias todas que llevan a sus últimas consecuencias muchas de las tendencias auto destructivas propiamente humanas que nos ponen en peligro de extinción, en el peor de los casos, o en riesgo de vivir siempre al margen del desastre; cuidándonos unos de los otros; arrebatándonos los escasos recursos como la comida y el agua, bajo la ley del más fuerte (sea por cuestiones de mera fuerza, de poder económico, político, religioso, delincuencial o cualquier otro); sufriendo las consecuencias de un cambio climático que hemos, si no producido, si acelerado; y comiendo alimentos modificados que de una manera u otra pueden o no  provocarnos enfermedades como el cáncer, si atendemos a las investigaciones que corporaciones tan grandes como Monsanto se niegan a reconocer y que en muchos de los casos ocultan o desaparecen, después de repartir millones de dólares incluso a presidentes de los países que les permiten continuar con sus experimentos, como ocurrió en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, que permitió a esta compañía experimentar con maíz transgénico, siendo México país de origen del maíz. 





Vivir en un lugar residencial que de buenas a primeras es considerado "bodega" de autos robados, justo en un estado donde el robo de coches es uno de los delitos que van a la alza; ese mismo día ser testigas y quedar de pronto en el centro de una tormenta colosal, si se tiene en cuenta la cantidad de agua que cayó en escasos minutos; quedarse sin energía eléctrica por más de 24 horas, observando unos plátanos que se negaron a madurar al ritmo acostumbrado, me lleva a recordar aquello que aún no he vivido, como escribiera la gran Elena Garro, en su obra Los recuerdos del porvenir. Esto es, en una semana presencié los indicios de lo que muy pronto podría ser nuestro futuro, nuestra vida cotidiana, si es que no lo es ya y en todo caso:

¿Podremos hablar ya del fin de la historia? 
¿Habremos llegado como humanidad a la última etapa? 
¿Tendremos por fin nuestra distopía? 
¿Habremos construido ya ese lugar al que nadie quiere arribar?
¿Viviremos ya en la sociedad en la que nadie soñó existir?

Tal vez ustedes tengan la mejor respuesta.

*Entrecomillo las frases en torno a la luz, porque acostumbramos referirnos a ella como si fuera un sujeto que se va, que llega, que viene, o como un objeto que se tiene.

viernes, 30 de junio de 2017

"LA ENFERMEDAD DE MI MADRE: NI CIENCIA NI RELIGIÓN"

Por: Ivonne Acuña Murillo

Ahí donde la ciencia fracasa y la fe no alcanza el sufrimiento se acrecienta. Pocas semanas, muy pocas, nos duró la relativa calma que una operación exitosa en sus mínimos objetivos, dada la envergadura del daño causado y el mal por venir, nos había dado. A dos días de cumplirse 5 semanas de la cirugía, a la que se sometió mi madre, el tumor se hizo presente, por si acaso lo habíamos olvidado, volvió en forma de una fistula externa, de nuevo en la sien. 

En el lapso de ocho días, de miércoles a miércoles, acudimos 6 veces al hospital, una de ellas con la convicción de que la internarían de nuevo. Aún no ha ocurrido así debido a que los médicos de guardia y su otorrina determinaron que estaría mejor en casa, con los cuidados necesarios, pues ingresarla supondría exponerla a contraer alguna bacteria hospitalaria que podría causar, ahora sí, una infección extendida al cerebro. Por ahora, esta infección, ya en retirada, está contenida en la sien y los tejidos blandos de la mejilla del lado izquierdo.

Como siempre, nos informaron que de presentar desmayos, pérdida de la conciencia o la coherencia, confusión o cualquier síntoma que nos indicara que el tumor avanza, la lleváramos a Admisión Continua, lo que en otros hospitales se conoce como "Urgencias".

Llegadas a este punto, mi madre ha vuelto a sufrir dolor, conciencia de mutilación (el tumor destruye todo lo que encuentra: hueso, musculo, nervios, tejidos, órganos, piel), procesos invasivos y manipulación a los ya que no desea someterse.

Lo que mi madre sufre es una crueldad sin sujeto: no es culpa de ella, de su familia, de las y los médicos, de Dios. Nada más faltaba que quien esto escribe volviera a creer en él solo para culparlo de un padecimiento que no es producto de la acción de nadie.

Como atea convencida, no alcanzo a entender y aceptar la idea de que este sufrimiento es parte de un proyecto mayor, pues Dios sabe lo que hace; de que es la antesala de algo mejor, la vida eterna; de que le garantiza su paso: al cielo. Ya en una ocasión anterior, cuando enfermó y murió mi hermano, tuve que enfrentar esta discordancia.

Durante el sepelio una tía, de las que organizan los rezos colectivos en los funerales, organizó el suyo y repetía y repetía "perdónalo Señor", frase que coreaban las personas católicas que quisieron acompañar el rezo. Mientras tanto, en mi cabeza retumbaba la pregunta: ¿Qué tiene que perdonarle Dios después de dos años de inmenso sufrimiento de él y su familia? 

Respeto la fe religiosa de mi familia, de mis amigas y amigos y agradezco en lo que valen sus oraciones, acompañamiento y palabras de consuelo, al final es una "bendición" contar con un ser superior que más allá de ell@s, el mundo y la cruda realidad, les permita encontrar consuelo y esperanza. Por mi parte, una vez asumida la convicción de que Dios no existe, no queda más que pasar el trago amargo, como ocurrió con mi hermano, con la certeza de que tanto sufrimiento, el de mi madre, sus hijas, hijo, nietos y nietas, no tiene sentido, no tiene un fin último. Es entonces que donde la ciencia fracasa la fe no alcanza.


lunes, 22 de mayo de 2017

LA ENFERMEDAD DE MI MADRE: CIENCIA Y RELIGIÓN

Por: Ivonne Acuña Murillo

Después de cinco meses de lo que comenzó como una aparente y simple infección de oído, mi madre fue intervenida quirúrgicamente este viernes 19 de mayo. En diciembre del año pasado mi hermana y yo llevamos a mi madre al servicio de Otorrinolaringología en el Hospital 20 de Noviembre, que desde 2010 es responsable de realizar sus estudios de seguimiento.

En principio, sólo se nos indicó que le pusierámos en el oído un antibiótico local en forma de gotas. Para enero, la que vive con ella notó que la aparente simple infección había vuelto a aparecer, por lo que para evitar el engorroso viaje al mismo hospital, con silla de ruedas y todo, pidió una consulta a domicilio a su propia médica. Ella le indicó que siguiera con las mismas gotas que le habían recetado en diciembre.

Para fines de enero se hizo evidente que las mentadas "gotitas" no estaban resolviendo el problema, mi madre presentaba una bola en la cien izquierda, lugar hacia donde el tumor se ha desplazado, después de aparecer atrás del pómulo del mismo lado en 1990. Acompañaba al abultamiento el enrojecimiento de la mejilla izquierda, razón por la cual mi hermana y yo decidimos llevarla nuevamente a su consulta, en el 20 de Noviembre, al recordar que en varias ocasiones nos habían dicho, las y los otorrinos, que tenía consulta abierta por si había complicaciones entre cita y cita.

La llevamos el jueves 2 de febrero y le recetaron antibióticos tomados. Para la semana siguiente, el abultamiento en la sien había comenzado a presentar un pequeño escurrimiento, un líquido lechoso. Fuimos de nuevo a Otorrino, no estaba su médico tratante, por lo que fue atendida por los médicos residentes. Nos pidieron llevarla el jueves para que la viera el doctor responsable de la consulta y considerara la posibilidad de drenar dicha bola. Mientras tanto debíamos estar atentas a algún otro síntoma como la pérdida de la conciencia, la coherencia o algo así, en cuyo caso debíamos ingresarla al hospital vía urgencias y pedir la interconsulta con Otorrino.

El jueves siguiente asistimos y el doctor dijo que no había necesidad de drenar que la protuberancia disminuiría gradualmente por acción del antibiótico. No ocurrió así, al final de la misma semana mi mamá tenía programada una consulta con el geriatra, en el Hospital Adolfo López Mateos, quien decidió que la bola debía ser drenada y la apachurró indicando a mi hermana que hiciera, con mucho cuidado, lo mismo en casa.

Al cabo de unos días, la bola se desinflamó. Lo que siguió fue aún más preocupante, la costra que mostraba un proceso de cicatrización se desprendió con todo y la piel que cubría el área afectada, dejando al descubierto una extensión de más o menos un centímetro de diámetro, donde podía observarse la sustancia lechosa y los tejidos que la piel protege. Mi hermana cubrió el área con una gasa y me llamó para contarme lo sucedido.

Lo que siguió fueron visitas dos veces por semana al 20 de noviembre, tratamientos compuestos por antibióticos, una crema cicatrizante, apósitos, lavado dos veces por día con agua de garrafón y jabón neutro. Al final, de manera un tanto tardía, el médico tratante  decidió mandar a hacer una tomografía simple de oído. Mientras estaban los resultados acudimos, mi madre, mi hermana y yo, a otras dos o tres consultas, preocupadas por lo que no parecía estarse resolviendo.

Finalmente, cuando el doctor vio en la computadora el resultado del estudio, a distancia desde su escritorio pues en ningún momento se pone de pie para ver directamente a los pacientes, de hecho camina con dificultad dada su edad, afirmó: "es un tumorzote, desde aquí lo estoy viendo, pero eso ya no me toca, dale un pase a neurocirugía". El diagnóstico con que se acompañó el pase fue "fuga de líquido cefalorraquídeo".

Nos dieron la cita un mes después. Cuando acudimos, pregunté a mi hermana el nombre del médico asignado, al oírlo de inmediato vino a mi memoria un nombre olvidado por años y dije, "Que bueno, ella es muy buena, ella la operó cuando la turnaron del López Mateos a este hospital".

Cuando referimos a la doctora la razón de nuestra visita se alarmó y nos increpó preguntando ¿porque la habíamos llevado hasta ese momento? A lo que respondimos que hasta entonces nos habían dado fecha para la consulta y que desde diciembre habíamos estado llevándola a su servicio de Otorrino. Palabras más, palabras menos, dijo que el médico anterior debía haberla internado tiempo atrás y no dejarla ir y venir con esa "fistula", -lo que nosotros llamábamos herida resultó ser eso "una fistula" en la sien, por donde se fugaba el líquido cefalorraquídeo-, pues existía el riesgo de que por ahí penetrara una bacteria o algo que infectara el cerebro, por lo que ordenó se internara inmediatamente para iniciar una batería de estudios y saber si debía ser operada, nuevamente, o no.

La aparición de la fistula no fue algo nuevo, en 2009 tuvo otra, en el mismo lugar, la cual permaneció abierta durante un año, como resultado de una cirugía mayor que duró alrededor de 13 horas. Al no poder resolver el problema los médicos tratantes la trasladaron del López Mateos al 20 de Noviembre donde, mediante cirugía, lograron cerrarla. Es ahí donde conocimos a la médica cuyo nombre me era familiar.

Después de esa visita, que tuvo lugar el 23 de marzo, mi madre estuvo internada por espacio de 4 semanas, dos primero, luego una y luego otra. En las primeras tuvieron lugar una serie de estudios, fáciles unos, difíciles y dolorosos otros, gracias a los cuales la doctora determinó que si debía ser intervenida pero con el apoyo de Otorrino, dado el lugar de la fistula interna; esto es, había una fistula externa, la de la sien, y una interna, la del oído. Esta segunda dejaba abierta una vía directa al cerebro. Por lo tanto, debían participar los dos servicios. Las otras dos semanas fueron intentos fallidos por lograr un lugar en alguno de los quirófanos, de Otorrino o de Neuro.

De cualquier modo en cada caso, teníamos que estar con mi mamá de noche y de día, para asistirla en sus necesidades básicas como comer, bañarse, ir al baño, caminar, pararse, subirse a la cama, bajarse y en todo aquello relacionado con su situación médica como los estudios y las gestiones básicas como surtir recetas, comprar medicamentos, hablar con las y los médicos, acompañarla a sus estudios, etc.

Los días pasaron, se atravesaron la Semana Santa, los puentes del 1 y 5 de mayo, mismos que complicaron la programación de la cirugía, ante la cantidad de pacientes que estos servicios atienden y la falta de espacio en quirófano. Finalmente, después de muchas gestiones, de guardias con mi mamá en el hospital de noche y de día, de un trabajo personal de coordinación (que correspondía a los residentes de Neuro, pero que por alguna razón no hicieron bien) entre Neuro y Otorrino, corriendo a ver a una médica, la de neuro, y luego a otra, la otorrina, para coordinarlas en cuanto a las fechas posibles de operación y el uso del quirófano de un servicio o el otro, logré que, finalmente, mi madre fuera intervenida.

Originalmente, ya había aceptado operarla el jefe del servicio de Otorrino, pero al final no pudo atender el caso por sus múltiples ocupaciones, por lo que la neuróloga buscó el apoyo de otra colega,  una otorrina, tan buena en su profesión como el primero.

Por fin, la fecha llegó, un día antes, el jueves 18, la neuróloga nos avisó a mi madre, internada desde el lunes 15, y a mí, que estaba de guardia, que la operación sería al día siguiente. Parecía tonto pensar que ya internada con ese propósito, un día antes se le avisara que por fin sería operada. Sin embargo, el servicio de Otorrino no programa operaciones con anticipación dada la cantidad de urgencias que deben atender, teniendo prioridad los niños, las niñas y las personas que llegan con aneurismas o tumores que ponen en riesgo su vida. Lo de mi mamá, a pesar de ser altamente delicado, no ponía en riesgo su vida, al menos no en ese momento, de ahí que el trámite para su intervención se prolongara tanto.

Cuando la neuróloga hizo el aviso, me dijo," usted me espera aquí mañana para que después de la operación le dé el informe". En realidad ese día iba a estar en la sala de espera mi hermana, pues yo ya había cubierto la guardia del día previo, pero decidí acudir también el día de la operación pues como yo me encargué de las gestiones mencionadas ambas doctoras me tomaron como su interlocutora, entre ellas, mi mamá y la familia.

El viernes 19, después de 4 horas de iniciada la operación finalmente me llamaron del quirófano. Ambas doctoras me dijeron que todo había salido bien, que mi mamá había resistido la operación a pesar del riesgo que suponía su edad, 82 años, que habían hecho lo posible. Me explicaron que tomaron piel de la pierna izquierda para hacer un injerto y cerrar la fistula, no la de la piel, que al final cerró después del tratamiento indicado por Otorrino, sino la interna, la del oído, la que se conectaba al cerebro. Me dijeron que "la reparación" duraría unos años, dándole a mi mamá calidad de vida al evitar cualquier fuga de líquido cefalorraquídeo y su escurrimiento por el oído, ya destruido por el tumor, y por el que comenzó a salir una vez cerrada la fistula externa.

Cuando pregunté por el tiempo de sobre vida, ambas contestaron que "eso quedaba en las manos de Dios". Extraordinaria respuesta viniendo de dos excelentes científicas, cuya ciencia, conocimiento y destreza han dado a mi madre una oportunidad más.

El tumor es muy grande, me dijeron, es inoperable, está muy cerca del tallo cerebral y tiene prácticamente agarradas las arterias y venas que conectan al cerebro. Así que el tiempo que vaya a vivir depende del ritmo de crecimiento del tumor, de hacia donde se mueva, pero sobre todo," del tiempo que Dios determine para ella". Por lo tanto, denle mucho cariño y calidad de vida.

Después de pensar un poco en su respuesta, comprendí la extraordinaria manera en que su ciencia se combina con su fe religiosa. La primera les permite hacer todo lo que está en su mano para salvar la vida de sus pacientes y para mejorar su calidad de vida; la segunda, les da la tranquilidad de saber que lo que ellas no pueden resolver queda en manos de Dios, quien completará o no el trabajo.


viernes, 6 de enero de 2017

“CARTA DE CIUDADANA PREOCUPADA A LOS REYES MAGOS Y SU RESPUESTA”

Por: Ivonne Acuña Murillo

Estimados Reyes Magos,

Me atrevo a dirigirles esta carta pues no encuentro una mejor instancia a quien externar mis preocupaciones en torno a lo que pasa en México, país del surrealismo y el realismo mágico, y de aquello que me gustaría ocurriera.

Yo sé que durante varias décadas los tuve descuidados, dejé de creer en ustedes y de escribir mi carta. Crecí y el pensamiento mágico que me hacía cifrar mis esperanzas en tres extraordinarios Reyes Magos se trasladó a otra parte. Cumplí 18 años, comencé a votar y mis expectativas de cambio se centraron en los partidos políticos y sus candidatos. Los primeros años voté por el partido oficial convencida de que el relevo sexenal traería nuevos proyectos, siempre en mejora constante. Con el tiempo comprendí que dicho modelo político se había agotado y en el 2000 volteé a mirar a la derecha y le di mi confianza al ranchero que prometió sacar al partido oficial de la casa con árboles, así como aplastar a las tepocatas y a las víboras prietas.

He de confesar que hasta el día de hoy no sé qué son las “tepocatas” ni he visto víboras prietas, pero igual voté por quien poco a poco dilapidó el capital político que le dio el hecho de haber logrado una transición democrática y pacífica, la famosa “alternancia”. Su desconocimiento de cómo opera el sistema político mexicano, su cogobierno con el PRI, su intención de imponer a su esposa “Martita” como su sucesora y la corrupción de ésta y su familia, el “extravío” de millones de dólares provenientes del petróleo, los impuestos que le perdonó a los grandes empresarios, los recursos y privilegios dados a Televisa, los remates de productos decomisados en las aduanas en el mismo patio de la casa con árboles, sus dislates, sus diarreas mentales, sus afirmaciones descuidadas como eso de que “Y yo ¿por qué?”, “los mexicanos hacen el trabajo que ni los negros” o las “lavadoras de dos patas” y un sinfín de etcéteras, hicieron de su administración el ejemplo de una democracia traicionada y de él un payaso que al final si merecía la frase “cállate chachalaca”, que tanto le costó a cierto tabasqueño pronunciar.

Pero bueno, al fin y al cabo, pensé que, si al partido oficial le había llevado 71 años aprender, bien podía yo darle otra oportunidad a la joven derecha y voté por quien se presentó como el candidato del empleo, ese que decía tener las manos limpias y a quien Brozo, otro payaso, se albureó al levantar las manos, cuando el otro dijo que las suyas, reitero, estaban limpias. Vaya un desatino, el que parecía más profesional que el de las botas le declaró la guerra al narco y al crimen organizado sin una estrategia bien pensada, sacó el Ejército a las calles, más para protegerse él que a la población, después de que se hizo con el poder “haiga sido como haiga sido”, en un proceso electoral harto cuestionado, que bien le valió un centenar de mentadas de madre en actos públicos y reclamos coronados con la palabra “espurio”. ¡Que poco nos duró la democracia!

Este dicharachero presidente, quien para todo tenía un dicho, refrán o frase popular, convirtió al país en un cementerio lleno de fosas clandestinas, decenas de miles de muertos a los que llamó “efectos colaterales”. A éstos se suman otras decenas de miles de personas desaparecidas, que en un momento etílico bien podría, este personaje hecho de huevo y harina, afirmar que “andaban de parranda”. 

Sin embargo, a diferencia del anterior, este mandatario, siguiendo la máxima romana de “al pueblo pan y circo”, después de provenir del primero, decidió dar lo segundo. Muy bien asesorado por un policía y el ex secretario de seguridad, armó expedientes falsos, inventó delitos, construyó culpables, realizó montajes mediáticos con supuestos rescates y detención de secuestradores, alguna francesa entre ellos, para satisfacer el morbo popular y hacer creer a sus gobernados que estaba haciendo lo necesario para restablecer la paz y la tranquilidad. Por supuesto, con el claro apoyo de famosa televisora.

Feliz, sonriente, satisfecho con lo hecho dejó de ser el presidente del empleo para declararse, al final de su gestión, el presidente de la infraestructura al no haber podido crear los empleos prometidos y apelando a la corta memoria popular. En su último año de gobierno le recetó a la población una buena spotiza afirmando el triunfo de su “lucha”, que ya no “guerra”, contra el narco y la delincuencia.

No se puede negar que se esforzó para construir en los medios, especialmente en la televisión, el país en el que nos hubiera gustado vivir, pero que distaba mucho del que realmente dejó. De cualquier manera, convencido de “sus logros”, ahora se siente en la “obligación moral” de regresar al poder, vía su esposa, con nombre de flor, a quien la televisora más importante ya está apoyando y para quien produjo una, no sé si exitosa o de mediano o escaso éxito, telenovela “La Candidata” o “La Candidota” o “La Candidiota”, no recuerdo bien.

En fin, después de este segundo intento fallido, decidí probar de nuevo. Convencida del fracaso de la alternancia y sin importarme la existencia de una izquierda a quien se negó o arrebató la oportunidad de gobernar, volví a votar por … ¿quién creen? Pues por el antes partido oficial, no más ensayos. Tal vez lo hice con la nostalgia y el recuerdo de mejores tiempos cuando este partido daba poco espacio a la participación política a cambio de niveles aceptables de bienestar económico. Pensé, “ellos sí saben cómo hacerlo”, tienen “cuadros preparados”, “expertos” en todas las materias y alguna vez hasta “amaron al pueblo”.

Si alguna duda hubiera podido tener, su candidato me convenció. Joven, guapo, pulcro, bien vestido, no como el segundo panista y su flor a los que toda la ropa les queda grande. Además, por si fuera poco, salía a cada rato en la tele y, como en un cuento de hadas, perdón de telenovela, se casó con la actriz tele novelera del momento, una a la que le decían “la dueña”, tal vez anticipando la compra de su mansión en unas lomas, o “la gaviota”, por aquello de ... Bueno no sé, el caso es que llegaron a la casa con árboles, otra vez “haiga sido como haiga sido”, fuertemente apoyados por los dueños de una tienda departamental, un grupo financiero con nombre como de mone…dero, otros grupos políticos, uno de ellos que dicen no existe y que su nombre se parece a la palabra “atraco”, empresarios, televisoras, conductores de espectáculos y un sinfín de etcéteras.

Como sea llegaron, yo feliz porque pensé “ahora sí vamos a regresar a los tiempos del bienestar, el mucho empleo, los salarios debajo de la inflación, las muchas oportunidades de desarrollo y mucho más. Oh desilusión, a 4 años de hacer comenzado esta administración no veo claro, ni empleos, ni bienestar, ni salarios por arriba de la inflación, ni seguridad, ni oportunidades.

Tal vez, ese al que le dicen “el preciso” tenga razón y soy incapaz de ver lo bueno, porque al fin y al cabo “las cosas buenas no se cuentan, pero cuentan mucho”. Confieso que he hecho lo posible por modificar mi percepción y ver todo desde el ángulo de “mi presidente”, el que dice que no se levanta todos los días pensado en “cómo joder a México”. Pero, por más que cierro los ojos no puedo, será que soy pesimista y no tengo en consideración que, aunque me hayan asaltado ya 5 veces en el micro, secuestrado a mi vecina, matado a un tío lejano, desaparecido a la hija de la señora de la tienda, encontrado en una fosa clandestina a 10 parientes que vivían, no en Tierra Caliente ni en el norte del país ni más lejos, sino en el cercano Estado de México, que hayan aparecido 2 cabezas humanas en un famoso centro comercial que vive de la “santa fe”, mi marido haya perdido su empleo y yo no salga sola por miedo a una violación o una bala perdida, no he sido capaz de pensar en el futuro lleno de esperanza que, ni más ni menos, 11 reformas estructurales prometen.

Creo que no es él, soy yo, soy una malagradecida y al final todo es mi culpa pues, si los presidentes hechos de harina y huevos y aquellos que se apropiaron el color de la bandera han hecho su mejor esfuerzo, me toca a mí creer en todas las bondades que dicen haber logrado. Pero, queridos Reyes Magos, por más clonazepan, calmantes, bebidas espirituosas, cigarros de la verde, drogas sintéticas, LSD que me auto receto no puedo ver el país en que viven mis presidentes.

Esta es la razón principal de esta carta, no habría manera que entre el “oro, el incienso y la mirra” que ustedes reparten, me dejaran algo de ceguera y necia confianza en los políticos de este país. Así al menos, me tragaría toda la basura propagandística con que nos surten día tras día, sin tener conflictos de concordancia. Esto es, así yo podría también vivir en el mismo país que ellos, sin ninguna duda o percepción equivocada, pues al final de eso se trata ¿no? Cambiar la percepción y no los hechos. Quiero vivir en ese país donde las reformas estructurales si dan los frutos esperados, donde no suben los precios de las gasolinas, el diésel, el gas, la electricidad, las tortillas (¡Jesús!, en 3 días pasaron de 12 hasta 20 pesos el kilo), la leche (que por cierto antes de terminar el año subió un peso y todavía anuncian un incremento más de 20 0 30%).

Ya ven, no entiendo, esa necedad mía por no cambiar mi percepción. Me urgen unos polvos mágicos que borren de mi cerebro un país que se desbarata ante la mirada impávida de un gobierno ciego, sordo e insensible, y en su lugar coloquen la imagen de un México igualito al de los políticos, donde todo va bien, donde cualquiera puede llegar a presidente y no importa si sabe, si puede, si quiere; donde los altos funcionarios se equivocan y basta con cambiarlos de secretaria; donde los gobernadores y hasta los presidentes municipales le roban a la población, se dan la gran vida, aseguran el futuro de varias generaciones de descendientes, endrogan al pueblo y no pasa nada; donde los aguinaldos de los políticos son vergonzosamente altos y los aumentos de precios, los gasolinazos, la alta inflación no son un problema pues se pueden pagar y sobra; donde la gente se manifiesta pública y multitudinariamente, bloquea calles, toma carreteras, cierra oficinas gubernamentales, hace huelgas de hambre, performances creativos, se crucifica, se incendia y todo lo que se le ocurra y no pasa nada pues nadie ve ni oye, ni siquiera el resto de la población (o sea la mayoría); donde los gobiernos deslegitiman la protesta pública enviando reventadores como los anarquistas de la ciudad más importante del país o los saquea tiendas del estado cuna de quien gobierna o dice gobernar en lo más alto y no los meten a la cárcel.

La lista podría continuar, pero me imagino que como ustedes todo lo ven, ya tendrán noticia de lo que falta. Aunque yo sé que me podrían decir que todo es mi culpa por no haber votado, que no elegido, de una manera más inteligente, puedo decir en mi descargo que: “cada vez que voto no lo hago pensando como joder a México” o, como alguien preguntó recientemente: ¿Qué hubieran hecho ustedes?


“Respuesta de los reyes magos a ciudadana preocupada dejada en cualquier lugar”

Querida ciudadana preocupada,

Hemos leído tu carta con atención, tu caso es grave y presenta varias disyuntivas. Primero, nos llama la atención que no hayas pedido un cambio de país; por ejemplo, podrías ser una mexicana indocumentada en la patria de Trump, una siria o musulmana en Francia o algún otro país que haya sufrido atentados terroristas, una pobladora de Alepo, una haitiana embarazada instalada en la frontera de México con Estados Unidos, una salvadoreña montada en la bestia. En fin, las posibilidades son muchas. ¡Es broma, es broma!

Segundo, que no hayas pedido que los políticos de tu país se vayan a otro. Por ejemplo, podemos mandarlos a la… a China; a la Rusia de Putin, al mismo Alepo.

Tercero, que no hayas pedido formar parte de esa clase política, que saldrá del país como las ratas de un barco que se hunde, cuando tu nación haga lo propio, llevándose todo lo que se robaron.

Cuarto, que no hayas pedido volver al pasado para votar de nuevo, ahora si por el “mero bueno”. Aunque ya sabemos que nada garantiza.

Quinto y más importante, que hayas perdido la esperanza y no hayas pedido que las cosas se compongan, que los políticos cambien, que se preocupen por su país y hagan las cosas bien, que dejen de ser corruptos, ladrones, tramposos, mentirosos (como cuando te prometieron que no iban a subir las gasolinas), que cuiden al pueblo en lugar de robarle, explotarlo, negarle el disfrute de los recursos del territorio (en lugar de facilitárselos a los grandes inversionistas, nacionales y extranjeros), que no repriman a la población cuando protesta pacíficamente y con razón, que no preparen una Ley de la Seguridad de Adentro que les permita suspender las garantías individuales cuando esto se ponga peor y que no te digan, en mensajes presidenciales, que en lugar de gasolinazo hubiera habido alza de impuestos (cuando ya la hubo), recorte a los programas sociales (cuando ya se hicieron), aumento de la deuda pública (cuando ya aumentó), poner en riesgo la estabilidad económica (cuando ya lo está) y que México corrija el rumbo y sea aún mejor que antes de esta enorme debacle. 

Como ves, opciones hay, pero lo que pediste son unos polvos mágicos para ver lo que los políticos ya descritos ven, pues…. eso te trajimos. Sólo que hay un pequeño problema, no encontramos tu zapato en la ventana, parece que hubo saqueos en los alrededores y alguien se lo llevó. Intentamos, como hace Santa, bajar por la chimenea y dejarlo en tu calcetín, pero no tienes chimenea, ni calcetín, ni ventana, bueno ni casa. Probamos dejarlos con tu diputado, pero ya sabes, se los llevó junto con todo lo que pudo. Al final, los dejamos con quien dice representarte y velar por tu bienestar, si, ese al que llamas “el preciso”, pero se los fumó y salió a dar un mensaje a la nación lleno de buenos deseos, llamados de unión y apoyo y explicaciones tramposas del aumento en el precio de las gasolinas y el diésel.


Realmente, lo sentimos, no traíamos más, “ai palotra”. Ah… y a tu pregunta de ¿qué hubieran hecho ustedes? Nuestra respuesta es, lo que ya hicimos, “salir por piernas”, pues ya hasta el camello, el caballo y el elefante nos andaban bajando. Eso sí, no supimos si los ladrones eran saqueadores, anarquistas, delincuentes, antorchistas, atracomulquenses o políticos, que casi es lo mismo.  

NOTA: Por si no es obvio, la ciudadana preocupada no soy yo, aunque si esté preocupada y haya redactado este artículo en primera persona. La "ciudadana preocupada", personifica a la ciudadanía y a la población mexicana.

martes, 27 de diciembre de 2016

“UN CUENTO DE PEÑAVIDAD”

Por: Ivonne Acuña Murillo

Se narra que en un pobre país ubicado “tan cerca de Trump y tan lejos de la gobernabilidad”, donde las “cosas buenas no se cuentan, pero cuentan mucho” y donde ningún mandatario se levanta pensando cómo “joder a su nación”, existió un día un presidente que, sin importar lo que hiciera, no podía elevar sus índices de popularidad.

El conflicto interno que esto le significó fue tan profundo que día tras día buscaba la manera de posicionarse, mediante spots, declaraciones inesperadas, promesas en torno a 11 reformas estructurales, peticiones de perdón por lo hecho bien que se interpretó mal, invitaciones a candidatos extranjeros, etcétera. A pesar de lo cual, tan sólo 2 de cada 10 gobernados aprobaban su gestión.

Dos días previos a la Nochebuena, para ser exacta, agobiado por todos sus esfuerzos y los logros no alcanzados pensó que sería mejor no haber nacido. A los pocos segundos apareció frente a él un ángel enviado por quien todo lo ve, ¡no!, Santa Claus no, el todopoderoso, a quien algunos llaman “el innombrable”, para hacerlo entrar en razón y persuadirlo de lo importante que ha sido su vida para muchas personas y de las implicaciones que tendría que él no hubiera nacido.

En eso estaban cuando de pronto un amigo suyo, mejor conocido como el “vicepresidente”, quien dejó primero este mundo, entiéndase el gabinete, pero que amenaza con volver, le advirtió que tres espíritus, el de las Navidades pasadas, el de la Navidad presente y el de la Navidad futura, le visitarían la noche siguiente para convencerlo de lo mal que había actuado y darle la última oportunidad para enderezar su camino sexenal. El ángel, perteneciente al pequeño grupo, formado por los asesores de Atlacomulco, intentó hacer valer su derecho de primacía, para hacer comprender a aquel desesperado hombre lo inapropiado de su deseo.

Los reclamos del ángel fueron infructuosos, palabra que sonó extraña a los oídos de aquel hombre, la cual no pudo repetir correctamente y sólo alcanzó a balbucear “infructuchur”, una y otra vez. Finalmente, después de mucho negociar, ambos, el enviado del todopoderoso y el vicepresidente acordaron “coadyuvar”, en buen cristiano, contribuir, para que su protegido corrigiera sus errores, esos que no son errores, aunque la población los perciba como tales, y dejara de pensar en lo oportuno que hubiera sido no haber nacido.

Como el vicepresidente prometió, al otro día, al sonar en el reloj la una de la madrugada, el primer espíritu apareció, venía acompañado del ángel de Atlacomulco, quien por cierto no tiene nada que ver con Los Ángeles Azules, aquellos que cantan “17 años”, “El listón de tu pelo” y esas cosas y que en adelante será nombrado como Atlaco (no Atraco, aclaro). Juntos llevaron a, quien de ahora en adelante sólo llamaré “Quique” por eso de la familiaridad, al pasado, a rememorar su primera Navidad cuando tenía un año y andaba en su carrito de pedales, lo llevaron también a la casa de su abuela, la cual le trajo muy buenos recuerdos. En ese momento aprovechó Atlaco para enfatizar lo malo que hubiera sido para su abuela si él no hubiera nacido, ¿con quién iba ella a compartir sus charales con huevo?, ¿a quien iba a darle su pan con nata y a ponerle los discos de Jorge negrete?
El primer espíritu, que en adelante se seguirá llamando “el primer espíritu”, al igual que el segundo y el tercero, viró entonces y llevó a Quique a sus épocas de universitario en las que terminó con éxito su licenciatura, gracias a una tesis sobre el presidencialismo mexicano y Álvaro Obregón. En este caso, se desconoce la intención del primer espíritu, no se sabe si lo hizo con ganas de mostrarle algo bueno, ocurrido en el pasado, o algún pecadillo inconfesado.

Así pasaron lo que parecieron ser horas, recordando los mejores momentos de un joven que hasta entonces no había iniciado su carrera política y no contaba con un reloj grabado con su nombre en la prestigiosa y excesivamente cara tienda Bijan, situada en Beverly Hills. Fue entonces cuando el primer espíritu, dando un salto en el tiempo, obligó a Quique a presenciar el momento cuando en la FIL de Guadalajara no pudo nombrar los tres libros que marcaron su vida. No conforme, lo torturó haciéndole recordar el momento en que no supo, por no ser la señora de la casa, en cuánto estaba el salario mínimo, el kilo de tortilla o el de carne. Por si fuera poco, lo forzó a presenciar la visita al país de cierto candidato a presidente y la indignación y las burlas que esto provocó en propios y extraños.

De inmediato, Atlaco intervino y sin dudar dijo “¡Vaya un pecado!, si no hubiera sido por esos pequeños desaciertos, la gente en las redes sociales no hubiera podido diseñar y compartir los memes que han sido la delicia de miles, de millones. ¿De quién entonces se hubieran reído? ¿En quién se hubieran ensañado? Acaso ¿seguirían burlándose de Ninel Conde y la llegada del “surimi”? Ves, dijo dirigiéndose a Quique, lo importante que es que hayas nacido. No le faltó decir a Atlaco que, si él no existiera, el público tele novelero se hubiera perdido la cobertura que los programas de espectáculos dieron al romance de una pareja de ensueño, formada por la actriz más popular del momento y el candidato más amplia y mediáticamente exhibido y del momento en que éste último hizo saber al Papa Benedicto XVI que se casaría con “la Gaviota”, nombre artístico de la elegida, y del evento supremo, la boda por supuesto.

Una vez terminado el turno del primer espíritu apareció el segundo, el de la Navidad presente, con quien también iba Atlaco. Este espíritu se dedicó a mostrar a Quique cómo, en esta Navidad, la gente pasará la noche del 24. Le hizo recorrer el país y pasar sobre Ayotzinapa, Tanhuato, Tlatlaya, donde en cientos de hogares las familias extrañan a sus familiares muertos, desaparecidos o ajusticiados. Lo obligó a sobrevolar un territorio lleno de lugares ingobernables, pueblos abandonados, fosas clandestinas, a corroborar el aumento en los precios del gas y las gasolinas, así como el desabasto que de éstas últimas padecen Michoacán, Guanajuato y otros estados. Lo forzó a compartir “la cena” de quienes no tienen que comer.

Así transcurrió el tiempo en estas y otras tragedias hasta que, cansado, Atlaco lo arrebató de la mano del segundo espíritu para mostrarle cómo, la que no sería su esposa por no haber nacido, pasaría la Navidad presente en una humilde casa, en nada parecida a la gran residencia de Las Lomas conocida como “La Casa Blanca”. Le hizo observar cómo ni ella ni sus hijas tendrían vestidos de diseñador, comprados en Beverly Hills y pagados con recursos públicos, ¡perdón! con su salario de actriz, en importante televisora. Le dejó saber que sus calendarios en bikini seguirían colgados, estas Nochebuena y Navidad, en las paredes de humildes talleres mecánicos.

Al terminar la segunda visita, el tercer espíritu, que para mayores señas se parecía a Donald Trump, hizo su aparición. Lo primero que hizo, aunque ustedes no lo crean, no fue llevar a Quique a su tumba, pues al sexenio aún le restan dos años, por lo menos en tiempo calendárico que no político, pues algunos maledicentes afirman que el sexenio ya se acabó.

El último espíritu hizo caminar a Quique al lado del gran muro que será construido en la frontera norte, junto a las miles de mercancías nacionales que no pasarán la línea fronteriza al no poder pagar los altos aranceles cobrados por el gobierno del vecino país. Lo hizo codearse con los millones de connacionales que serán deportados por el mismo gobierno que, ante la desesperación de volver a su vida de antes, sin trabajo, oportunidades, estudios, alimentación adecuada tratarán infructuosamente, infruc… ¿qué?, volvió a preguntar Quique, de entrar al país que habrá de expulsarlos.

Para no romper la armonía de lo hecho por los espíritus anteriores, el de la Navidad futura insistió cruelmente en mostrar a Quique todo lo que ocurrirá en los dos años que le restan a su administración: falta de resultados en torno a las reformas estructurales, a la estrategia de seguridad nacional, al combate a la corrupción, al narco y la delincuencia organizada, a la lucha en contra de la impunidad, la pobreza, la desigualdad y el desempleo. Pero lo peor, no será el derrumbe de sus verdades históricas ni la persistencia de la post-verdad, a partir de la cual se negará la contundencia de los hechos vía la manipulación de las emociones y las creencias, sino la persistente caída de su popularidad.

Así, como en un relato circular, el problema con el que comenzó esta historia, vuelve a aparecer. Es aquí que Atlaco tuvo que hacer su mejor esfuerzo, para mostrar a Quique todas las cosas buenas que ocurrirán en los dos años por venir, mismas que no se contarán, pero contarán mucho para, finalmente, hacerlo desistir de su deseo de no haber nacido.

Desde esta colaboración se agradece la coadyuvancia, en español cotidiano, “contribución a la ayuda” de quien esto escribe, de Charles Dickens y su obra A Christmas Carol (Cuento de Navidad), cuyo personaje central Ebenezer Scrooge ha sido estelarizado por muchos actores, entre ellos Francis Bushman (1912), Seymour Hicks (1935), Alastair Sim (1951), Albert Finney (1970), George C. Scott (1984) y muy recientemente por Jim Carrey (2009), en una película de dibujos animados; y a Philip Van Doren Stern, escritor de The Greatest Gift (El mayor regalo), llevada al cine por Frank Capra como It's a Wonderful Life (Que bello es vivir o Es una vida maravillosa) y protagonizada por James Stewart, en 1946, sin cuya inspiración “Un cuento de Peñavidad” no hubiera sido posible. No se preocupen, ya sé que no aplauden.


“FIDEL CASTRO, ÚLTIMO REPRESENTANTE REVOLUCIONARIO DE LAS UTOPÍAS DEL SIGLO XX”

Por: Ivonne Acuña Murillo

La muerte de Fidel Castro, el pasado 25 de noviembre, no sólo marca el final del siglo XX, sino el final de las utopías surgidas en el siglo XIX, a la luz del pensamiento ilustrado del siglo XVIII, la creencia en la razón y el optimismo de suponer a la humanidad en tránsito hacia una etapa superior, en la cual el ser humano alcanzaría su plenitud.  

Con él se terminan las utopías que nutrieron a más de una generación y que les permitieron pensar en el futuro de una manera positiva, activa y revolucionaria. Muchos hombres y mujeres se entregaron a la búsqueda de un mundo mejor para todos y todas, en el que a la gente se le daría en función de su necesidad y no de su capacidad, donde no habría desigualdad, hambre, ignorancia, desamparo.
No sólo muere Fidel, muere también el último líder socialista, expresión de un proyecto de sociedad, que hoy por hoy ha perdido ante la contundencia del fracaso del llamado socialismo real y la extensión en su lugar de un capitalismo rapaz y brutal.

Irónicamente, Castro deja el mundo en un momento en el cual el capitalismo, en su última etapa, la neoliberal, la del libre comercio, la de las fronteras abiertas, no sólo hace agua, sino que comienza a retrotraerse toda vez que los dos países que lo iniciaron e impusieron al mundo dan un paso atrás y pretenden volver a un esquema económico proteccionista. Es el caso de Gran Bretaña y su próxima salida de la Unión Europea y el de los Estados Unidos con Donald Trump como próximo presidente y sus amenazas de construcción de muros y alzas de impuestos a productos mexicanos en la frontera, en sanciones a empresas que lleven sus plantas a otros países, etcétera.

Muere Castro y lo que quedaba de un proyecto societal que le plantaba cara al capitalismo y que se ofrecía como una opción a un sistema económico que, sin contrapesos, deja al mercado y a la competencia la distribución de los recursos, incluso de aquellos vitales para la vida, como la comida y el agua.

El sueño ilustrado de los pensadores utópicos como Robert Owen, El conde de Saint-Simon, Charles Fourier, incluso de Karl Marx, cuyo proyecto supuestamente pasaba de la utopía a la factibilidad, se ha perdido sin que ocupen su lugar nuevas formas de pensar el mundo, dejando al capitalismo como la única opción.

La desigualdad, la pobreza, la incertidumbre, la vida sin seguridad en el empleo, la falta de seguridad social, la acumulación de la riqueza en unos cuantos, la miseria de la inmensa mayoría, la exclusión, la violencia como forma alternativa de hacerse de recursos no pueden ser lo único que nos depare el futuro.


Urgen hombres y mujeres que como Castro sean capaces de liderar revoluciones y construir proyectos alternativos que nos lleven a la construcción de sociedades equitativas y no excluyentes.